Una joya oculta de Herrera
Hablé más tarde con otra estudiante de biología y con varios biólogos que estaban allí meramente por su interés por los hongos. Cabe mencionar que conocí varías personas bastante singulares: una niña de aproximadamente cinco años, quien aspira a ser hidróloga cuando sea grande; un diseñador gráfico en busca de aventura e inspiración y una socióloga que deseaba aprender sobre el balance en la naturaleza.
Tras esperar un rato, pasó a recogernos un bus y comenzó nuestra travesía. A medida que avanzábamos, comencé a notar el cambio en la elevación, vegetación y la temperatura. Pasamos por carreteras estrechas, con acantilados, por varios poblados de agricultores y por densas nubes de neblina, hasta llegar a la entrada de una reserva forestal, escondida 70Km en lo profundo de la península de Azuero. Fue un viaje de dos horas.
Habiendo llegado al sitio, bajamos las maletas y comenzamos a montar el campamento. Era la primera vez que acampaba rodeado de extraños, sin embargo, estos extraños eran muy experimentados y sumamente amables. Me ayudaron a escoger el sitio donde pondría mi tienda, un espacio nivelado, no demasiado bajo para evitar inundaciones en caso de lluvia.
En ese lugar hay una edificación que sirve como centro de operaciones para los únicos dos guardaparques. Existe una recámara para quienes deseen dormir allí, un salón, baños, una cocina y una pequeña biblioteca en la que se guardan copias de investigaciones hechas en el sitio. En la cocina, algunos de los organizadores comenzaron a preparar la cena, al mismo tiempo que el resto nos dirigíamos a un sendero en busca de hongos.
Después de la charla, hablé un rato con los expositores sobre la fauna local y las migraciones que están ocurriendo a través de nuestro territorio; culminamos platicando sobre el hongo que amenaza la población mundial de anfibios y cómo este extinguió a nuestra preciada rana dorada.
La noche se hizo notar con un gran descenso en la temperatura. Al salir del salón solo se veía aquello a que apuntáramos con las linternas, había luciérnagas y se podía vislumbrar casi cada estrella que atravesaba el cielo. Era el momento de las siguientes actividades. Nos dispusimos en dos grupos: uno fue al sendero totalmente a obscuras, con el objetivo de buscar hongos bioluminiscentes; los demás nos dirigimos a un arroyo para hisopar ranas, precisamente para determinar si es que el hongo Quítrido, Batrachochytrium dendrobatidis, había alcanzado esos lares.
Yo no sabía en qué consistía el hisopado de ranas, ni tenía idea de cómo haríamos para atraparlas. Comenzó la búsqueda, los más experimentados entraban al arroyo y se guiaban por el croar de las ranas para ubicarlas, utilizaban guantes y linternas con muy poca cantidad e intensidad de luz. Al ubicar a la rana, simplemente la atrapaban con las manos. Luego usaron un hisopo especial para tomar la muestra y almacenarla, frotando la piel del anfibio. Tomaron unas tres muestras que cultivarían posteriormente en el laboratorio de la universidad. Volvimos y nos encontramos con el grupo de senderismo nocturno que, desafortunadamente, no había encontrado ningún hongo bioluminiscente.
Ya todos reunidos, volvimos al campamento. Algunos fueron directamente a descansar a sus tiendas o hamacas; otros recolectamos leña y encendimos una fogata. Durante horas escuché las historias, proyectos y relatos de terror que el resto tenía para contar, hasta que aproximadamente a la 1:00 a.m. nos despedimos. La tienda estaba fría, mas el saco de dormir era cómodo y me quedé dormido viendo las sombras que proyectaban las gotas de sereno al deslizarse por las paredes de mi carpa.
Al llegar el alba desperté y me quedé observando el resplandeciente amanecer sobre el horizonte matutino. Horas más tarde, fuimos a desayunar antes de recorrer un último sendero; el cual era el más largo que habíamos hecho y conduce a una plataforma, un mirador con una choza que daba a una preciosa vista. Después de eso volvimos a Chitré y pasé el resto del día visitando a unos parientes y probando unas deliciosas empanadas.
Así termina mi aventura en la reserva forestal El Montuoso, sitio que yo considero una joya oculta de Herrera.





Comentarios
Publicar un comentario